Cenotafios religiosos, memoria privada en el espacio público

Actualizado: ene 14

Es común que al transitar por una carretera o sobre cualquier calle o avenida en América Latina uno encuentre a un lado del camino o la acera un símbolo religioso materializado en piedra, ladrillo o yeso. Figuras de santos, una cruz cristiana o simplemente un repositorio para flores, cualquier que sea la figura y el material representa un recuerdo de alguien que murió, por diferentes circunstancias, en ese lugar.


Esto no tiene nada de extraordinario a los ojos de los que habitan aquí. Es un marcador arquitectónico que recuerda nuestra finitud y sirve de alerta y prevención para los que por ahí transitan, una advertencia del riesgo al que estamos expuestos cotidianamente. Cabe señalar que los cenotafios no son exclusivamente religiosos, existen también cenotafios seculares de diferente tamaño y alcance: monumentos dedicados a los héroes nacionales o personajes ilustres de una comunidad. El monumento de la victoria alada en la Ciudad de México (mejor conocido como el Ángel de Independencia) es un gran cenotafio donde residen los restos de los héroes patrios. Igual ocurre con los restos de otros personajes en Bolivia, Ecuador, Argentina o Venezuela. También existen otros cenotafios de menor tamaño y con una temporalidad casi efímera como ocurre con la instalación de bicicletas blancas en los postes o árboles en memoria de ciclistas atropellados por automotores, un recuerdo de la fragilidad de moverse en el espacio donde reina el automóvil.


Regresando a los cenotafios religiosos en calles y carreteras cabe decir que, si bien son figuras religiosas, casi pequeños altares, no son lugares de culto o de referencia religiosa para todos los creyentes. Antes bien, el cenotafio es un referente privado religioso colocado en el espacio público que no incide en la creencia o religiosidad de los que habitan el entorno. No se convierte en punto de encuentro, ni siquiera en referencia o reverencia. Lo que si provoca el cenotafio es la invasión de lo privado- religioso en el espacio público secular, pues la decisión de una familia o comunidad de colocar este marcador arquitectónico en la calle o la carretera implica una apropiación de un espacio común que puede derivar en conflictos o tensiones sociales.


Estos conflictos han ido incrementándose en distintas ciudades en México donde la violencia en la calle ha cobrado numerosas víctimas muchas de ellas ligadas al crimen organizado o al narcotráfico. Las familias y amigos han decidido construir cenotafios y ha sido tal cantidad de ellos que, en el caso de las ciudades de Mazatlán y Culiacán en Sinaloa, han vuelto parte del paisaje urbano una sucesión de cruces que parece un gran cementerio. En otros casos se han construido cenotafios monumentales en los lugares de la tragedia, casi mausoleos que ocupan la banqueta o invaden la calle y en algunos casos ocuparon el estacionamiento de una tienda comercial.


Ante esto las autoridades locales decidieron emprender un programa de retiro de estas construcciones. La consecuencia fue que empleados municipales fueron amenazados si seguían con el programa. Fue entonces que se negoció respetar dichos marcadores, pero de un tamaño menor.


Más allá de estas situaciones extraordinarias lo cierto es que los cenotafios forman parte de nuestro paisaje. Habrá que entender que, si bien son formas materiales de la religiosidad popular, también son expresiones privadas de la fe en el espacio público.

Especialistas
Conoce a los especialistas en el estudio del fenómeno religioso que escriben en el blog del #LOFRSC 
Ciclos
Encuentra todas las conferencias de nuestros ciclos anuales y los diálogos sobre novedades editoriales desde el 2016
Blog
¡Cada semana encuentra nuevas entradas de especialistas invitados! 
Comenta y comparte en tus redes sociales
Invitaciones
Encuentra invitaciones y convocatorias sobre los estudios del fenómeno religioso y ¡envíanos la tuya para publicarla!

#LOFRSC

  • Facebook
  • Twitter
  • Grey Twitter Icon
  • Grey Facebook Icon