El bosque sagrado de Oshun en Osogbo, Nigeria

Actualizado: ene 14

La religiosidad de la vida diaria en muchos lugares el mundo nos obliga a pensar en lo sagrado fuera de los templos o Iglesias. Podemos observarlo entretejido con el paisaje y con la naturaleza, como un espacio o tierra cuya jurisdicción recae en vírgenes, santos o deidades. Un ejemplo de ello es el bosque sagrado de Oshun-Oshogbo (Osun Groove), situado en la capital del estado de Osun, en el suroeste de Nigeria, el país más poblado de África. A tan solo cuatro kilómetros del centro de Oshogbo y con una extensión de 75 hectáreas se erige como un oasis de esta ciudada. Oshun (Osun) es una deidad que como otros orisha a los que se les rinde culto entre los yoruba, está asociado a ciertos elementos de la naturaleza, en su caso principalmente al río. Oshun, es considerada como la dadora de hijos, madre de todos los niños, deidad de la fertilidad, de la riqueza y belleza. En la oralitura contenida dentro de los oráculos de los yoruba, en uno de los signos se dice que dieciséis orisha bajaron a la tierra para organizarla pero no podían hacer vida, regresaron con Olodumare el creador, quien les aconsejó que para ello tendría que venir una mujer, esa fue Oshun, la deidad patrona de la ciudad de Oshogbo, luego del papel protagónico que jugó en su fundación.


El pacto de Laaroye y Oshun


Se cuenta que hace centurias, durante un periodo de fuerte escasez de agua en el pueblo cercano de Ipole Omu, la morada del rey Gbadewolu Laaroye, uno de sus hombres de confianza llamado Timehin se encontró con un río mientras cazaba en el bosque, ante lo cual dio aviso al rey Laaroye y lo convenció que lo siguiera con su pueblo. Luego de trasladarse y del júbilo que sintieron al ver la codiciada agua, decidieron instalarse. Para construir sus viviendas comenzaron a derribar árboles pero uno de ellos, al caer, destruyó las ollas que el espíritu del río estaba usando para preparar su tintura de índigo. Del río pintado de azul se dejó escuchar su voz inconforme. Laaroye y Timehin con temor, y a fin de apaciguar a Oshun, la deidad y espíritu del río, le suplicaron perdón y ofrecieron un sacrificio y ofrenda para subsanar la ofensa. En señal de haber aceptado su disculpa, Oshun envió un gran pez (Iko) recibido por Laaroye. Les aconsejó instalarse río arriba para que no corrieran peligro con sus desbordamientos. Fue en el lugar indicado por esta deidad en donde se hizo el primer asentamiento de Oshogbo (derivado de Oso igbo, el nombre que el espíritu del río utilizó para referirse a ellos y que significa “hechiceros del bosque”). Laaroye que se convirtió en el primer Rey (Ataoja) de Oshogbo, a cambio de la protección y cuidado de Oshun, prometió renovar anualmente el pacto a través de un homenaje y ritual colectivo que hasta nuestros días se lleva a cabo. Se trata del Festival de Oshun que dura casi dos semanas y se celebra en el mes de agosto, temporada de lluvias y de cosecha. Aunque no es el único festival del país dedicado a los orisha, sí se erige como uno de los más emblemáticos y como una de las mayores atracciones turísticas de Nigeria.[1] Tan solo en el 2013 se calcula que la asistencia a este festival alcanzó casi 200 mil personas y de un muestreo de aproximadamente 800 turistas, 14% eran extranjeros (Donald Orga, 2015: 43).


Patrimonio de la Humanidad


Conocí este hermoso bosque en compañía de Adedoyin, sacerdotisa de Oshun y figura importante entre la comunidad de devotos en su natal Oshogbo. Cuando llegamos a dicho recinto, en la entrada principal había un arqueólogo con unos visitantes extranjeros, parecían norteamericanos. Enseguida el hombre presentó a Adedoyin con sus invitados como la hija adoptiva de Susan Wegner, la artista austriaca que vivió varias décadas en esta tierra en la que finalmente murió. Este bosque fue de hecho una de sus principales causas de lucha. Wegner pisó Nigeria por vez primera en los años cincuenta acompañando al literato y poeta alemán Ulli Beier, conocido por algunos en la región como el "yoruba blanco". A lo largo del bosque se encuentra el amplio repertorio de objetos de arte, pinturas, tallados, grabados sobre piedra y esculturas que hacen alusion a las deidades yoruba llamadas orisha, así como a los símbolos, espíritus y animales vinculados a su cosmogonia. Durante muchos años Wegner, iniciada también en el culto a Oshun, con un grupo de artistas en el que participaron sus hijos adoptivos, entre ellos Adedoyin, se encargaron de esta magna obra y con su arte realzaron el valor cultural y religioso de este lugar. La obra colectiva fue avalada por la Comision Nacional de Monumentos y Museos de Nigeria y luego capitalizada en 2005 cuando la UNESCO reconoció al bosque como Patrimonio de la Humanidad. Todo esto dentro de un contexto internacional en el que se amplió la nocion de patrimonio de material a inmaterial (Cousin y Martineau, 2009: 343). Es así que desde hace ya varios años, me señala Adedoyin, "La Comisión Nacional de Museos y Monumentos a través del esfuerzo de mamá (Wegner) puso una oficina aquí para la protección del lugar, no se permite cortar árboles, matar animales, ni construir”. Adedoyin asumió de esta manera la tarea de continuar con el legado que dejó Wegner.


Esculturas en el bosque. Foto: Nahayeilli Juárez Huet. Osogbo, Nigeria. Octubre de 2012.

Detalle de la puerta principal al bosque. Foto: Nahayeilli Juárez Huet. Osogbo, Nigeria. Octubre de 2012.




Entrada desde la calle principal al bosque con el logo de la Unesco. Foto: Nahayeilli Juárez Huet. Osogbo, Nigeria. Octubre de 2012.

Letrero en la entrada principal del bosque. Foto: Nahayeilli Juárez Huet. Osogbo, Nigeria. Octubre de 2012

El impacto que ha tenido el crecimiento de las religiones afroamericanas de base yoruba y de las redes trasatlánticas de colaboración ritual, religiosa y comercial de sus practicantes en ambos lados del Atlántico, ha fortalecido el turismo cultural y una derrama económica que no puede despreciarse en el actual contexto de Nigeria, lo que ha influido en el tratamiento que el gobierno de dicho país da a ciertos espacios y festividades asociados con la tradicion orisha, perteneciente a una identidad yoruba mas alláde una practica religiosa tradicional basada en su cosmovision. Hay pues una polivalencia de visiones y usos de estos espacios. Lo que es claro es que para la comunidad devota orisha local e internacional, este bosque y su festival implica el uso social, simbolico y religioso de un patrimonio histórico y el reforzamiento de los lazos entre los “hijos de Oshogbo en America” y de los olorishas con sus deidades de protección.

Oshun te procura cuidados


Cada orisha tiene su día de veneración por lo que cuando le tocaba a Oshun acompañaba a esta sacerdotisa a dejarle ofrendas a este lugar considerado por ella como sagrado. Para tal fin me adentraba con Adedoyin por un camino que nos llevaba hacia una bellísima entrada labrada en piedra con unas escaleras que conducen al altar en el que se cierra el festival de Oshun, y también al río que la representa y que atraviesa toda la ciudad. Pasando esta puerta, Adedoyin sacaba siempre su campana de bronce para saludar a Oshun, y con ello también para rendirle tributo. Hacía reverencia en los espacios en los que se disponen esculturas de piedra en honor a otros orisha y en algunas dejaba ofrendas. Nos dirigíamos después hacia el recinto labrado y adornado con símbolos sacros. Es ahí en de hecho en donde concluye el famoso Festival de Oshun y es “el principal altar público (shrine) de Oshun,”. Saludábamos al Chief Priest de Oshún (Aworó) guardián del mismo, sentado sobre una estera a un costado de la entrada. Dentro de este recinto también concluye el camino de la Arugbá, la joven virgen de linaje real, agente principalísimo en el festival, mediadora entre Oshun y la multitud, encargada de llevar en la procesión del Festival la calabaza (calabash) que contiene los símbolos y materiales sagrados de Oshun.

Entrada al altar de Oshun. Labrado en piedra. Foto: Nahayeilli Juárez Huet. Osogbo, Nigeria. Septiembre de 2012.

Àwòrò de Òsun. Resguardando la puerta del altar de Oshun. Foto: Nahayeilli Juárez Huet. Osogbo, Nigeria. Septiembre de 2012.

Arugbá Foto: Nahayeilli Juárez Huet. Osogbo, Nigeria. Octubre de 2012.

Venerar a un orisha puede implicar propiciamiento, invocación, devoción, recitación, procesión, ofrecer sacrificios y ofrendas, danza y música…una variedad de formas de acercamiento que dependen de la intención, de la ocasión, de las necesidades, de las promesas...del lugar. Los orisha tienen una diversidad de representaciones, materialidades, atributos y moradas que generan una gran variedad no sólo de modos rituales sino de lugares de culto. Por ejemplo, para venerar a Oshun en el altar público, se comienza haciendo una “tirada” con la nuez de kolá, por medio de la cual se entabla comunicación con la deidad, después se ofrece harina de maíz (cornmeal), papa dulce o boniato (kasaba o yam), pues cada orisha tiene su comida predilecta, pero también la que jamás comerá, de esta forma a Oshun “no se le pueden traer caracoles (snails) ni pescado”. El referente materializado y por excelencia de esta deidad es el río, el primer lugar al que de hecho Adedoyin siempre se dirigía para orar y pedir salud, prosperidad y larga vida. Uno de esos días, acompañadas de dos de sus pequeños hijos, uno de los cuales durante el trayecto al río me recordó no pisar la piedra en la que se sienta el rey (Atoajá) durante el festival de Oshun, llevamos una canasta con el ñame, un alimento amaraillo que le gusta a los Egbé (espíritus amigos), una naranja, una olla con hierbas (ofé) y chile. Mientras los niños se desnudaban y se metían a jugar a la orilla del rio, Adedoyin hincada frente al mismo colocó las hojas de palma en las que fue colocando un pedazo de todos los alimentos contenidos en su canasta. Había olvidado la miel pero para nuestra suerte y casualidad encontramos ahí mismo una botella que contenía un poco. Me dio una nuez de kolá, una especie que es pariente del cardamomo negro (aligator pepper) y una nuez amarga (orogbo). Me pidió que orara dentro del río, luego volví y me incliné junto a ella, le devolví las semillas que una a una fue abriendo, todas las colocó en una hoja de plátano que traía consigo. Tiró la nuez de kolá para comunicarse con Oshun, lo que yo no sabía era que estaba haciendo un ritual por medio del cual y con la anuencia de este orisha obtendría mi nombre en yoruba, con el cual desde ese día fui referida por ella y su familia. Su significado: “Oshun te procura cuidados.”





Ofrenda para los Egbé cerca del río Oshun. Foto: Nahayeilli Juárez Huet, octubre de 2012

Bibliografía

Cousin, Saskia y Jean-Luc Martineau, 2009, “Le festival, le bois sacré et l’Unesco. Logiques politiques du tourisme culturel à Osogbo (Nigeria)”, en Cahiers d’Études Africaines, núms. 193-194, pp. 337- 364.


Donald Orga, Yina, 2016, Tourists’ perception of Osun Osogbo Festival in Osogbo, Osun State, Nigeria, en Journal of Tourism Theory and Research, vol 2(1), pp. 40-48


[1] Otro homenaje se hace en la época de sequía, no está abierto al público, es privado y sólo se hace entre devotos de los orisha y el rey. Notas de campo. Conversación con olorisha de Oshún, Osogbo, Nigeria, 03 de octubre 2012.

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