Enamorarse en 11 minutos en la capital de la soledad

Actualizado: feb 20

Berlín es conocida como la capital de la soledad dice un artículo reciente de la Deutsche Welle. Esta afirmación está acompañada de algunos datos: en uno de cada dos hogares de la capital alemana vive solamente una persona y por lo menos unos 300 individuos al año mueren solitarios, pasando semanas en sus departamentos sin que nadie se entere de ello.

Algunas voces políticas en Berlín han propuesto la creación de una comisión para la soledad como ya ocurre en Reino Unido. Además, es muy común la proliferación de líneas de asistencia para ancianos y grupos de autoayuda que procuran los requerimientos básicos de la socialización: escucharse, comunicarse, abrazarse.

Sumado a lo anterior, el mercado de las aplicaciones para el encuentro de parejas como Tinder, Bumble o Parship se ha incrementado de manera importante en los últimos años. La publicidad para el enamoramiento abunda en el espacio público y con especial insistencia en el transporte colectivo.

Uno de estos cárteles expone a una mujer rubia conjuntamente con la leyenda “Alle 11 Minuten verliebt sich ein Single über Parship” o, en otras palabras, la promesa de que solo hacen falta unos minutos para escapar del aislamiento y conseguir el amor mediante una aplicación virtual.

En una estación cualquiera de metro, otra publicidad de la compañía Bumble presenta un joven sonriendo con el texto “Genau, was du suchst” (exacto lo que buscas), “Verwende Sticker, um dein perfektes Date zu finden” (Usa las etiquetas para encontrar tu cita perfecta).

Resalta que las palabras clave que acompañan al hombre de la fotografía esbozan a un sujeto joven; políticamente sin compromiso, pero cercano a las ideas progresistas de la izquierda (Politisch eher links); además, alejado de la religión o con una postura directamente atea (Atheist), pero con suficientes ideas místicas o esotéricas para otorgar importancia a su signo zodiacal (Krebs). Todas estas características no hablan de una persona, sino de un colectivo: en Berlín gobierna una coalición tripartita de izquierdas, conocido como rot-rot-grün; 63% de personas en la capital afirman no tener ninguna religión, sin embargo, proliferan las actividades de resarcimiento espiritual como el yoga, piedras de poder, rituales neochamánicos, etc.

Las ideas políticas-religiosas y trascendentales representan un importante filtro para vincular a las personas en un proyecto personal afectivo. Por supuesto, en el caso de la religión, las relaciones muestran procesos importantes de convergencia y distanciamiento cultural. Por ejemplo, cuando se realizan uniones mixtas entre personas con diferentes nacionalidades, los modelos que adopta la pareja pueden seguir las pautas de una de las partes o procurar un modelo compartido, a pesar de las evidentes relaciones inequitativas en un vínculo intercultural.

En cualquier caso, las cosmovisiones son importantes hasta cierto punto, sin embargo, no puede omitirse la cuestión material y la racionalidad que atraviesa a los mercados matrimoniales. En este sentido, es común escuchar en el cotilleo de las reuniones con alemanes y migrantes residentes en Berlín algunas razones por las cuales es difícil entablar una relación afectiva que termine en una vivienda conjunta: “pagaría más impuestos”, “perdería mi autonomía”, “no me conviene económicamente”, etc. Es decir, que la racionalización excesiva es una causa sustancial para negarse abandonar el barco de la soledad; aunque, después de todo, este estado también puede ser propicio para escribir algunas líricas como las Thomas Brasch en "Der schöne 27. September” (El hermoso 27 de septiembre):


Ich habe keine Zeitung gelesen.

Ich habe keiner Frau nachgesehn.

Ich habe den Briefkasten nicht geöffnet.

Ich habe keinem einen guten Tag gewünscht.

Ich habe nicht in den Spiegel gesehn.

Ich habe mit keinem über alte Zeiten gesprochen und

mit keinem über neue Zeiten.

Ich habe nicht über mich nachgedacht.

Ich habe keine Zeile geschrieben.

Ich habe keinen Stein ins Rollen gebracht.


(No he leído un periódico.

No he visto a una mujer.

No he abierto el correo.

No he deseado buen día a nadie.

No me miré en el espejo.

No he hablado con nadie sobre los viejos tiempos y

tampoco sobre los nuevos tiempos.

No he pensado en mí.

No he escrito una línea.

No hice rodar una piedra.)

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