III. Lo que el comprar quiere decir para la sacralización

Actualizado: ene 14

Esta es la #terceraentrada de una reflexión sobre altares y objetos #sacralizados que vale la pena leer en conjunto:

I. El control romano y la vitalidad de los altares en México

II. De mercancías a los altares: la multiplicación de las imágenes y la desestructuración del campo

Las figuras religiosas se venden en diferentes comercios. Donde más abundan son en las tiendas de souvenirs o recuerdos ubicadas en la zona del Vaticano. Ciertamente en ellas encontramos más postales y calendarios con fotos del Papa Francisco o de curas jóvenes, rosarios, retablos, que imágenes de bulto. Aunque sí las hay de distintas madonas, hay crucifijos e imágenes de algunos santos, pero no tienen el mismo colorido que en México y en otros países de América Latina. Son más sobrias.


Algo les falta para ser imágenes religiosas populares, creo que estéticamente son como muy elegantes. Lo que abundan son los rosarios y las medallas. El puro hecho de adquirirlos en el Vaticano les dota de un valor especial. Pero también muchas veces se ve a los peregrinos o visitantes al Vaticano consagrar estos recuerdos que sacan durante la misa o el mensaje del Ángelus del Papa, o bien tocan alguna vitrina donde hay reliquias de los santos o del propio Jerusalén para cargarlos de un valor especial (prácticas que acostumbran hacer los fieles). De hecho, después del viaje son regalados a sus seres queridos y/o colocados en un lugar especial de las casas, donde incluso los objetos cobran una vida comunicativa, evocativa y sensorial.


Tienda de souvenirs religiosos cercana al Vaticano, Roma septiembre, 2018. Fotografía de Renée de la Torre

También en algunas jugueterías venden monitos del Papa Francisco quien comparte vitrina con Trump (el odiado presidente de Estados Unidos), con la Reina Isabel (la perpetua reina de Inglaterra) y con Mr. Bean (el célebre cómico inglés cuyas parodias se burlan de los personajes antes mencionados). Se sabe que estas figuras son un juguete y no una imagen de culto, por sus rostros simpáticos o chuscos y porque incluso tienen un sensor para generar un movimiento con la luz solar que activa el saludo de los personajes. En lugar de evocar respecto, estas figuritas buscan alegrar o hacer reír a quien lo ve. La estética es a la vez una intervención semiótica que se dirige a generar una reacción sensitiva de comicidad y parodia en torno a estos inalcanzables personajes públicos. En estas tiendas sus figuras son objetos lúdicos y no pretenden tener un uso religioso. No obstante, el que el Papa Francisco esté ahí representado lo banaliza, a la vez que le da un toque de simpatía.


Vitrina de juguetería, Roma, octubre de 2018. Fotografía de Renée de la Torre

De manera similar encontramos objetos con motivos religiosos en los puestos callejeros ubicados alrededor del vaticano y de los principales centros de atracción turística. Ahí se venden distintas chácharas a precios accesibles.


Aunque también aquí las figuras se asemejan a juguetes, y no a figuras sacras, su función es más ambivalente. Entre ellos abundan los monitos de personajes famosos, como son los futbolistas campeones del momento, el personaje de Pinocho y también algunas del Papa Francisco subido en su papamóvil.


Estas estatuitas de plástico no se parecen a las que se ponen en un santuario, son menos solemnes. Pero tampoco son iguales a los otros juguetes. Emulan a las caricaturas EN 3D. Muchas de ellas tienen un resortito deteniéndoles la cabeza (que por cierto es desproporcionada en tamaño en relación con el cuerpo) para darles un atractivo juguetón. En realidad, pertenecen a la categoría de Souvenirs (objeto para recordar un viaje).


Estantería de tienda de souvenirs, Roma, octubre de 2018. Fotografía de Renée de la Torre

Lo que más me llamó la atención fue ver entre estas figuras decorativas a Jesús cool (así lo llamé yo, pero quizá debería llamarlo el Jesús chido): cerrando un ojo (como haciendo un guiño) y con la mano izquierda haciendo un OK (como el que se hace en Facebook y la mano derecha señalando a quien lo ve como una especie de invitación.


Hace un año vine a Roma y fue la primera vez que vi al Jesús chido. En ese entonces habían retirado las figuras del Papa de los puestos que venden souvenirs afuera del Vaticano. Le pregunté al vendedor encargado del puesto que por qué no había papas a la venta y me explicó que agentes del Vaticano les habían pedido retirarlas como muestra de respeto a Su Santidad.


Entonces le pregunté al vendedor si no les parecía una falta de respeto la imagen del Jesús chido y respondió sorprendido… “No lo había pensado”. Un año después, vuelvo a Roma y me encuentro que ya estaban de regreso las figuras del Papa en los estantes de los puestos de recuerdos. Incluso pude comprar una de Francisco en su papamóvil.


Hoy Jesús se adquiere en los puestitos, y conforma un nuevo equipo entre los héroes del futbol argentino (muy populares en Italia) y la figura de tradicional de Pinocho. Ya no es el Cristo sufriente que estaba clavado a una cruz y que veíamos en los templos, sino un Jesús juguetón y coqueto que, con actitud juvenil y alegre, te guiña el ojo y te invita a entrar en la onda.


Antes de que se les ocurra a los agentes del Vaticano que esa imagen de Jesucristo es blasfema o profana y la quieran retirar del mercado, junté mis 10 euros para comprarla y la empaqué y la traje a Guadalajara. Acá la coloqué en mi altar de objetos “entre-medio” lo profano y lo sagrado que he montado en mi oficina. Siempre he creído que estos seres me protegen de toda mala vibra, pero sobre todo me ayudan a sobrevivir cotidianamente de los embates de la burocracia institucional. En mi altar colocado en mi cubículo, Jesús chido convive de manera armónica con el Papa Francisco, con San Lázaro- Babalú Ayé de Cuba, con el San y la Santa Muerte, con Budy (Buda bebé) y con Yemayita ( la orisha Yemayá también bebé), con el Dr. Gregorio Hernández de Venezuela, con Frida la perrita rescatista durante el temblor de 2016 en la ciudad de México, con el Ekeko santo popular peruano que trae consigo la abundancia, con Lucky Lady tailandesa que invita a los compradores a generar fortuna, con el Niño Fidencio que cura a los más pobres, y con otras imágenes que son sacralizadas por los usos populares.


Muchos de estos objetos los adquirí en mis viajes cuando visité distintos santuarios o bien me fueron obsequiados y como lo estipula Mauss (1979) dejaron de ser simples mercancías para convertirse en objetos entrañables que de los cuales no me puedo deshacer y para los cuales tuve que buscar un lugar especial en un estante. Cada vez que miro a Jesús, le veo su sonrisa, y sé que ahí se siente muy a gusto entre otras figuras veneradas por el mundo y que me agradece el haber dejado de ser una simple mercancía.

Altar personal en cubículo de la autora en CIESAS, Guadalajara marzo de 2019. Fotografía de Renée de la Torre

Sin duda la reproducción en serie de imágenes religiosas (algunas hasta fueron hechas en China), que son adquiridas en los comercios para después ser bendecidas en los templos, muchas veces regaladas adquieren el valor de un don que ya no es intercambiable ni desechable. Algunas de ellas tienen la suerte de terminar siendo colocadas en altares domésticos. En estos recintos se practica una religiosidad vivida extraeclesial fuera de los controles litúrgicos de la institución católica. En los espacios domésticos encuentran un refugio a los alcances de la herejía instrumentada por la ortodoxia eclesial, las imágenes se tornan en iconos sagrados al ser ritualizadas por el saber-hacer devocional de la religiosidad popular. Esta actividad permite la subversión simbólica desde los márgenes del catolicismo popular (Bhabha, 2011) e incluso en los espacios seculares donde son practicados (casas, talleres mecánicos, tiendas y abarrotes, calles, automóviles, etcétera).


La clonación y reproducción masiva de las imágenes, contrariamente a incidir en el debilitamiento de lo religioso, está reconfigurando el campo religioso. Incide en flexibilizar la religiosidad a una hágalo usted mismo mediante el bricolaje de imágenes donde se practican, usan y se establece una comunicación autogestiva que dinamiza la desregulación del campo religioso monopolizado por sus especialistas rituales (Bourdieu, 2006).


Las imágenes se convierten en un objeto accesible mediante el consumo, no obstante, su carácter de mercancía se transforma como figura que accede a consagraciones y montajes flexibles en contextos seculares de la vida cotidiana (De la Torre 2016).


Bibliografía

  • Bhabha, Homi K. (2011) El lugar de la cultura, Buenos Aires: Manantial.

  • Bourdieu, Pierre (2006) “Génesis y estructura del campo religioso”. Relaciones. Estudios de historia y sociedad, vol. XXVII, núm. 108 , pp. 29-83 El Colegio de Michoacán, A.C Zamora, México

  • Bourdieu, Pierre (2006) “Génesis y estructura del campo religioso”. Relaciones. Estudios de historia y sociedad, vol. XXVII, núm. 108 , pp. 29-83 El Colegio de Michoacán, A.C Zamora, México

  • De la Torre, Renée (2016) “Ultra-baroque Catholicism: Multiplied images and decentered religious symbols”. Social Compass 1 –16 .

  • Mauss, Marcel (1979) Sociología y Antropología, Madrid: Tecnos. (primera impresión 1924).


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