La Iglesia “Mormona” dialogando con la modernidad

#SLC #Utah #LDS #Mormones

Contrario a lo que a veces se piensa -o predica-, ni las creencias ni las prácticas de las distintas religiones permaneces inalterables. No han sido así desde “el origen”, no son estáticas ni inamovibles. Responden a “los signos de los tiempos” dicen las tradiciones religiosas, o “dialogan con la modernidad”[1] decimos los estudiosos del fenómeno religioso. Un diálogo producto del sistema de relaciones que incluye el pasado-como-se-recuerda-ahora y el futuro-como-se-anticipa-ahora[2].


En los últimos días han llamado mi atención tres notas periodísticas locales (Salt Lake City, Utah) que involucran a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD o LDS por sus siglas en inglés), a quienes solemos conocer como “mormones”, y que son la iglesia mayoritaria en este estado norteamericano.

Se trata de temas relacionados con el cuerpo, que están en álgido debate público y que nos muestran cómo iglesia(s) y modernidad dialogan y se interpelan con mejores o peores resultados, lo que no es exclusivo de este contexto: Personas #transgénero, #homosexuales y #poligamia.

  • El Manual General LDS

La Iglesia LDS tiene un Manual General (The Handbook) con lineamientos para las estacas (nombre de los templos locales), obispos y laicos que sirven en la iglesia en el que explican la misión de la Iglesia y sus políticas pastorales, prácticas y procedimientos. Esta semana, la Iglesia ha publicado el nuevo Manual General, por primera vez accesible en línea. Inexperta para comparar ambos manuales personalmente, debo conformarme con las lecturas de los medios de comunicación (incluyendo las notas de los medios de la propia Iglesia). Al dar a conocer el nuevo manual, la Iglesia anunció que este se actualizará regularmente y que sus cambios responden a las necesidades de una Iglesia más global.


Llama la atención que el Manual aborda una nueva cantidad de temas que muestran ese diálogo con las agendas que va imponiendo la modernidad, tales como fertilización in vitro, padres solteros, donación de esperma, suicidio, esterilización quirúrgica, maternidad subrogada, personas intersexuadas y transgénero.


En ese sentido, el Manual incluye toda una nueva sección dedicada a “Individuos transgénero”, reconociendo que algunas personas experimentan sentimientos de incongruencia entre su sexo biológico y su identidad de género. Como resultado, pueden identificarse como transgénero. La iglesia no toma una posición sobre las causas de las personas que se identifican como transgénero, aunque sigue recomendado que no se haga la transición quirúrgica.

El nuevo Manual reconoce que los individuos transgénero enfrentan “complejos retos y dificultades”, abre las puertas para su participación en las reuniones y actividades de la Iglesia y para que les sea reconocido su nuevo nombre en los registros de la iglesia si han hecho la transición social, pero las cierra a los ministerios ordenados, que continúan reservados a varones y que se reciben según el “sexo biológico al nacer”.


  • El Código de Conducta BYU

La Universidad Brigham Young (BYU) es una importante universidad privada en el estado de Utah, propiedad de la Iglesia LDS, con un interesante programa de idiomas (por ejemplo, tienen uno de los programas más avanzados en la enseñanza del quechua y del náhuatl), producto del carácter misionero de la Iglesia y sobre el que espero escribir en otra ocasión.


La BYU tiene un código de honor aplicable a estudiantes y profesores (las convocatorias para incorporarse dicen claramente que dan preferencia a miembros LDS que cumplen adecuadamente las reglas), que les ha dado fama de ser una de las universidades más estrictas en su vida comunitaria. Este código incluye desde normativas sobre la castidad de los estudiantes solteros con múltiples restricciones al respecto, hasta reglas sobre el uso de piercings, el largo de los shorts (para varones y mujeres), de la barba (varones) o los colores de cabello (mujeres), que en la universidad no se vende café o que no se pueden decir “malas palabras”. El cumplimiento del Código está vigilado por un departamento exprofeso y romperlo sí genera expulsiones.


El contenido ha cambiado esta semana, para “estar al día con los cambios en el Manual General”, eliminando la sección de “Comportamiento homosexual”. La versión anterior decía: La atracción por el mismo sexo de una persona no es un problema de código de honor. Sin embargo, el código de honor requiere que todos los miembros de la comunidad universitaria manifiesten un compromiso estricto con la ley de castidad. El comportamiento homosexual es inapropiado y viola el código de honor. El comportamiento homosexual incluye no solo las relaciones sexuales entre miembros del mismo sexo, sino todas las formas de intimidad física que expresan los sentimientos homosexuales, lo que incluía tomarse de la mano y besarse.

Los cambios en el Código de Honor de la BYU, que aplica a todo el Sistema de Educación de la Iglesia LDS, muestran cambios de lenguaje “políticamente correctos”, con eufemismos malabaristicos sin que representen en realidad transformaciones de ningún tipo.

Aunque el nuevo Código de Honor mantiene que se espera que un miembro de comunidad BYU vive una vida casta y virtuosa, que incluye abstenerse de cualquier relación sexual fuera del matrimonio entre un hombre y una mujer, en las redes sociales circuló esperanza de que el cambio implicara apertura a expresiones de afecto entre personas del mismo sexo que mantuvieran un noviazgo, sin embargo la propia BYU respondió rápidamente a estas interpretaciones en su cuenta de Twitter (@BYU) afirmando que si bien se ha eliminado un lenguaje más prescriptivo, los principios del Código de Honor se mantienen igual.


  • Despenalización de la poligamia

Las primeras comunidades mormonas practicaban la poligamia, o el matrimonio plural, aunque no es una práctica exclusiva de este grupo religioso, ni se trata de una práctica uniforme. Por ejemplo, en el caso de los mormones fundamentalistas (que se ubican en Utah, Idaho, Arizona y en México) existen familias polígamas que viven dentro de las ciudades con 3 o 4 esposas, pero también grupos que viven en ranchos apartados con un número desconocido de esposas (por supuesto se trata de varones con varias esposas en matrimonios heterosexuales, nada más).


Para los mormones de Utah el tema se convirtió en una ardua batalla legal contra el gobierno norteamericano desde 1852, hasta que en 1890 la Iglesia abandonó la práctica para lograr que Utah fuera reconocido como un estado de la Unión Americana. En los Estados Unidos la poligamia es ilegal, y forma parte de los cuestionarios para los procesos de migración y ciudadanía, pues la práctica debe ser abandonada aún cuando sea legal en el país de origen, se trata de un delito que alcanza penas de hasta 5 años de prisión.


La semana pasada el Senado estatal votó por unanimidad por despenalizar la práctica, ahora se discutirá y votará en la Cámara Baja donde se espera mayor resistencia. La actual votación despenaliza la poligamia entre adultos que la han consentido, reconociéndose como una falta administrativa que puede castigarse con una multa y servicio comunitario, mientras que mantiene como delitos el matrimonio (plural o no) con menores de edad y la bigamia (que alguien se case dos o más veces sin el conocimiento de las parejas involucradas).


Aunque la Iglesia LDS ha abandonado formalmente la poligamia, se calcula que existen alrededor de 30,000 mormones fundamentalistas que la defienden, muchos de los cuales se han refugiado en comunidades alejadas y aisladas. Los argumentos para despenalizarla afirman que pone en situación de vulnerabilidad a las familias: tanto por lo abusos que se cometen con los matrimonios arreglados con menores de edad, como porque los miembros de estas familias no se acercan a los servicios de salud, salud mental, educación, empleo o a denunciar casos de abuso y violencia por miedo a ser ellas mismas criminalizadas.


Los opositores argumentan que la poligamia es inherentemente negativa y potencialmente dañina para niños y mujeres, especialmente por la frecuencia en que estos matrimonios múltiples involucran mujeres menores de edad; aunque el argumento contrario señala que por ello solo se busca descriminalizar los matrimonios múltiples entre adultos que pueden dar su consentimiento y en ese sentido señalan que se trata de un caso similar al matrimonio igualitario, en que el Estado debe respetar las prácticas sexuales y matrimoniales de los adultos que libremente accedan a ello.

El debate pone en relieve los cruces entre campos político, religioso y jurídico; así como debates que involucran de manera compleja derechos como la libertad religiosa, los derechos de las infancias, los derechos sexuales y otros.


Estas noticias me han llevado a pensar en que los diálogos entre modernidad y religión son siempre tensos y productivos, en el sentido de que producen cambios, en un sentido o en otro y en múltiples dimensiones de la vida social. Ocurren en todas las sociedades, pero muchas veces son tensiones tan naturalizadas que pasan desapercibidas. Sin embargo, al observarlas en una sociedad que no me es tan “natural”, adquieren dimensiones que me permiten apreciar otros detalles.

[1]De la Torre, R. (2006). La Ecclesia Nostra. El catolicismo desde la perspectiva de los laicos: el caso de Guadalajara.México: FCE - CIESAS. [2] Hilgers, M., y Mangez, E. (2015). Introduction to Pierre Bourdieu´s theory of social fields. En M. Hilgers, y E. Mangez (Eds.), Bourdieu´s Theory of Social Fields(págs. 1-36). Oxford: Routledge.

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