La iglesia sin religión: A propósito del censo de población 2020 en México

Actualizado: ene 14

La entrevistadora arriba al encuentro con la censada, quien es cuestionada sobre diversos datos de importancia nacional: número de miembros de la familia, características del hogar, escolaridad, personas económicamente activas, etc. Llega el turno de preguntar ¿cuál es la religión de las personas que habitan en la vivienda? La entrevistada se detiene por un momento a pensar...

Fuente: expoknews.com

Ella y su familia (tres hijos, su madre y su esposo) no comparten los mismos códigos religiosos. Su madre practica el catolicismo desde la infancia, pero en los últimos años ha dejado de asistir al templo porque no tiene suficiente dinero para la limosna de la parroquia del pueblo. Por su parte, ella y su esposo comenzaron a frecuentar una iglesia evangélica porque la comunidad es mucho más activa, aunque han dejado de asistir a los servicios porque el pastor fue acusado de una infidelidad el mes pasado. Sus hijos pequeños todavía no toman partido, pero el más grande de ellos que cursa la preparatoria dice que es agnóstico y prefiere leer filosofía griega.

La entrevistada tiene poco margen para guardar la complejidad en una respuesta. Después de unos segundos contesta: no tenemos UNA religión. El censo se completa en el rubro religioso con el ítem sin religión y continúa con la extracción de datos.

Resultado final: cinco personas sin religión en la pequeña unidad familiar censada, 60 % de ellos hombres y 60 % menores de veinticinco años.

Postales como la anterior son comunes dentro de la narrativa de las personas sin religión en México, aunque esto no significa la improbabilidad de posturas abiertamente anticlericales y no teístas. En las aproximaciones realizadas en los últimos años hemos encontrado una diversidad considerable de posturas en la categoría sin religión que van desde personas que no creen en dios (ateos), críticos de las instituciones religiosas, creyentes y practicantes sin una identificación religiosa particular, agnósticos, la gran diversidad de cosmovisiones indígenas de nuestro país que no puede reducirse a una religiosidad típica e, incluso, aquellos nativos seculares quienes no participaron nunca de un linaje religioso en términos símbolos o prácticos (Mora, 2017b, 2017a).

En el censo nacional de 2010 INEGI registró 4.7 % de personas sin religión lo que supone alrededor de 5.3 millones de mexicanos. Si este grupo fundara su propia iglesia "hereje" representaría la segunda comunidad del campo religioso más amplia y con el crecimiento más destacado en todo lo que va del siglo pasado y los años del presente. Las encuestas más recientes después del censo confirman el incremento sustantivo de los sin religión: hasta un 7 % en algunas mediciones representativas. Esto sugiere que para el 2020 es muy probable que encontremos un aumento visible de personas sin religión y un decremento sobre todo en el grupo de católicos que ha mermado su afiliación después de los años setenta del siglo pasado.

Diversos colegas se encuentran colaborando actualmente con las distinciones metodológicas para la elaboración del censo de población 2020 en México. En días recientes me preguntaron cuál sería la delimitación más apropiada del grupo sin religión. En algunos países como Alemania se habla de “Konfessionslose” (sin confesión), mientras que EUA de “Religiously Unaffiliated” (No afiliados religiosamente). En el caso mexicano, la disyuntiva se encuentra entre denominar a los sin religión como desafiliados, sin adscripción religiosa o llanamente como “no afiliados”.

Iglesia en München, 2019. Fuente: Portafolio personal.

En primer lugar, el problema de denominar a los sin religión como desafiliados es que implica que las personas estuvieron afiliadas a una religión previa en algún punto de su trayectoria de vida, ya sea voluntaria o involuntariamente, a través de una iniciación ritual como un bautizo. Esto cubre un porcentaje considerable de la categoría, sin embargo, invisibiliza a los nativos seculares. Por otro lado, la afiliación resulta más significativa que la sola adscripción en una iglesia ya que supone un (auto)reconocimiento en alguno de los linajes del campo religioso. En ese sentido, es más útil analítica y comparativamente delimitar a los sin religión como personas sin afiliación religiosa o no afiliados. Esta demarcación no da por hecho que estos individuos son increyentes o sin prácticas religiosas-espirituales de facto, sino que es apenas la punta del iceberg para analizar procesos más generales de desregulación religiosa y secularización.


Referencias:

Mora, C. (2017a). Creer sin iglesia y practicar sin Dios: población sin religión en el contexto urbano y rural de México en los albores del Siglo XXI (El Colegio de México). Link: http://ces.colmex.mx/pdfs/tesis/tesis_mora_duro.pdf

Mora, C. (2017b). Entre la crítica, la autonomía y la indiferencia: la población sin religión en México. Estudos de Religião, 31(3), 157–178. Link: https://www.metodista.br/revistas/revistas-ims/index.php/ER/article/view/8504

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