La Santa Muerte de Santo Domingo: entre lucha libre, baile y procesión

El pasado 17 de febrero se celebró el séptimo aniversario del altar de la Santa Muerte, en el barrio de Santo Domingo, al sur de la Ciudad de México en la alcaldía de Coyoacán. El relato etnográfico que presentaré a continuación, aborda la manera en cómo se da la transformación del espacio público en un lugar de festejo y devoción. Debo resaltar que este escrito, está acompañado de algunas observaciones y fotografías, obtenidas en equipo con algunos estudiantes de antropología*, quienes me acompañaron al lugar y me ayudaron a observar desde distintos focos la festividad.


Tomar la calle para celebrar


“Santocho” como suelen decirle sus habitantes, es un barrio fundado hace 50 años al sur de la Ciudad de México, es un lugar que constantemente está en autoconstrucción. Desde la década de los 70s, después de un decreto presidencial, mucha gente de las colonias cercanas y otras que migraron de algunos Estados, optaron por apropiarse de los terrenos y poco a poco fueron construyendo sus casas, en medio de varios conflictos y sin contar con los servicios básicos como: el agua, la luz, la pavimentación. Actualmente, sus calles de denominaciones náhuatl, están repletas de comercios formales e informales, gente que vivió ahí desde la invasión y una gran cantidad de estudiantes, debido a la cercanía que hay con el campus de la Ciudad Universitaria.






En el cruce de las calles de Pascle y Xochiapan está construido el altar público dedicado a la Santa Muerte, fundado por la familia Soto y es uno de los altares que tiene mayor presencia y antigüedad dentro del barrio, ya que al menos hasta hoy, no hay otro altar con tales dimensiones; sólo se puede ubicar otro altar en las calles de Delfin Madrigal y Jilotzingo, el cual es más pequeño y sin actividades rituales abiertas y de manera periódica.




Doña Lola y su hijo Erick son los líderes y fundadores del altar de la calle Pascle, ellos desde hace siete años, han festejado a la Santa Muerte a partir de la construcción inicial del altar, el cual poco a poco han ido trasformado, de tal forma que hoy es una referencia geo espacial dentro del barrio.


Desde las 11 de la mañana emprendí la visita al altar junto con equipo de antropólogos, a la llegada al lugar vimos una gran cantidad de policías, los cuales estaban en dialogo con Doña Lola, puesto que no querían dejar que se montará el ring ya que eso impediría el tránsito de autos.



El evento se pudo llevar a cabo ya que Lola tenía el permiso para llevar a cabo el festejo, a diferencia del año pasado, esta vez hubo presencia policial todo el día durante las actividades de la celebración, debido a que en los últimos días “el barrio ha estado caliente, han matado a muchos chavos” comentó uno de los asistentes a la festividad. Cerca de la una de la tarde se terminó de instalar el ring y la cabina de sonido. En una carpa colocada cerca del altar ya estaban preparándose los luchadores para salir a dar sus peleas en honor a la festejada de ese día.


Lucha libre

La fiesta dio inicio con el show de lucha libre, al lugar arribaron varios luchadores, algunos de ellos personas que son del mismo barrio y devotos de la Santa Muerte, su lucha es en honor a ella. Otros luchadores fueron invitados por los organizadores, además de que hubo una pelea estelar.



El ambiente era efusivo entre los gritos de aquellos que apoyaban a los "rudos" y las consignas cargadas de ofensas, por parte de los que se emocionaban con la lucha del bando de los "técnicos". Una pelea que llamó mucho la atención de los asistentes, fue aquella en la que se subió un luchador de origen japonés, el cual fue calificado por su fenotipo como: “el coronavirus”; la gente gritaba: “¡madreense al coronavirus!; “!coronavirus, coronavirus!”




Es interesante ver que durante el show de lucha libre, arriban al lugar personas creyentes y no creyentes de la Santa Muerte; pues el hecho de que el ring se ponga sobre las calles, es para invitar a la gente del barrio y hacer notar que ahí se celebra a la Niña Blanca y de esa manera, evitar estigmas por la creencia. Aun así, al hablar con los asistentes durante el momento de la lucha, algunos no sabían que eso se debía al festejo de la Santa y decían (en su mayoría) que ellos no creen en ella, pero la respetan; otros decían que sólo asistieron para llevar a sus hijos o simplemente para convivir con su familia durante el evento. Para los creyentes de la Santa, la lucha libre es un evento que implica diversión y se ha vuelto una tradición, puesto que cada que festejan en este altar se hace el evento de lucha libre.




La procesión

Al terminar el show de lucha libre empezaron a llegar los chinelos; un grupo de danzantes, en su mayoría mujeres, que se dieron lugar para “brincarle a la santa” durante la procesión. Este es el primer año que se organiza un recorrido con la imagen de la Santa a lo largo de la calle de Xochiapan hasta Avenida Aztecas y de regreso.




La procesión inicio cuando la banda que acompañó a los chinelos, comenzó a tocar la música con ritmos alegres, con una mezcla de sonidos de trompetas y tambores; mientras, los organizadores del evento, asignaron a las personas encargadas de cargar el altar móvil para pasear la imagen principal de la Santa; así fue que poco a poco nos formamos y comenzamos a caminar entre el alboroto de la música, el baile de las danzantes y los gritos de los creyentes. Por otra parte, la gente que presenciaba la procesión sacaba fotos, otros observaban a lo lejos, especulando si era una virgen a la que se estaba paseando o ver de qué santo se trataba. En la punta de la procesión, estaba un grupo de varones cargando un banderín con la foto del “bandita”, así le decían al hermano de Erick, quien tiene pocos meses de fallecido, por lo que la procesión también sirvió para hacerle un homenaje de duelo.


La procesión (Marco, G)


El rosario y el bailongo

Entre cohetes y porras se terminó la procesión, mientras, en el lugar donde está construido el altar, se presentaron las academias de baile, las cuales son invitadas por el encargado del sonido, como una forma de mostrar actividades culturales que practican los jóvenes que viven en el barrio; muchos de ellos solamente van con la finalidad de acompañar y bailar con su agrupación, sin necesariamente ser creyentes de la Santa, pero lo que si comentaron algunos, es que aunque no son devotos, le muestran respeto. Al terminar las academias llegaron los mariachis quienes dedicaron canciones a la santa cerca de una hora, muchas de las canciones que tocaron hacían alusión a la madre o a la muerte como la canción de “La muerte”:


Viene la muerte luciendo Mil llamativos colores

Ven dame un beso pelona Que ando huérfano de amores.

El mundo es una arenita Y el sol es otra chispita

Y a mi me encuentran tomando Con la muerte y ella invita.

No le temo a la muerte Mas le temo a la vida Como cuesta morirse Cuando el alma anda herida.

Dicen que van a asustarme Llevándome a tu presencia Si estas durmiendo en mi vida Es natural si despiertas.

Se va la muerte cantando Por entre las nopaleras En que quedamos pelona Me llevas o no me llevas.

La organización iba sobre la marcha, al terminar los mariachis se convocó a los presentes se juntarán para iniciar la oración, la cual lleva a cabo cada primero me y cuando es el aniversario, se hace también en el día que cae la fiesta. La oración es impartida por Iván quien también fue uno de los luchadores que se presentó en el evento de la mañana, además de que él y su familia fueron los que compraron el pastel que se repartió al final de la oración.


Posterior a la oración y el reparto del pastel, se regaló comida a los devotos que estaban presentes, que considerablemente fueron menos personas que en la mañana. La fiesta terminó con el baile del “sonidero, de esa manera, entre cumbias y guarachas, se cumplió un año más de festejo en el altar de la Santa Muerte de Santo Domingo.




*Hago mi reconocimiento a los estudiantes de la carrera de Antropología de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM: Noushia Cisneros; Anel San Juan; Marco A. Gúzman y David Rojas; quienes me acompañaron a la celebración con la finalidad de recopilar observaciones, entrevistas y fotografías (algunas de las cuales aparecen en el texto).

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