La tumba de Marie Laveau: voodoo, turismo y patrimonio en Nueva Orleans.

Actualizado: 21 de jun de 2019



Para alguien especializado en religiones y en culturas afroamericanas, tardé demasiados años en llegar a Nueva Orleans. Una vez que lo hice, cuatro años atrás, quedé prendado del lugar: el antiguo y bellísimo barrio francés (French Quarter), el jazz y la música por todos lados, la increíble comida creole, la rica cultura asociativa y recreativa afroamericana (las agrupaciones de Mardi Gras Indians son de las cosas mas bellas y potentes que ví) y, sobre todo ello, el espíritu ominoso y algo autoparódico del voodoo local. Es una ciudad muy turística, que no deja de ser peligrosa y que posee una exuberante cultura afroamericana que a la vez se ofrece y se esconde, cuya visibilidad se da a través de múltiples capas que van desde la banalidad y la obviedad turística hasta el secreto (performático, musical, religioso) para entendidos e iniciados locales.


Bajo el motto local de Laissez les bon temps rouler! (traducción al francés cajún de Let the good times roll!) y con el Mardi Gras y el Jazz Heritage Festival como actividades/fechas insignias, la ciudad se vende como la más latina y la menos puritana del país en honor a su historia (fue colonizada primero por los franceses y luego por los españoles hasta ser finalmente adquirida por los norteamericanos, junto con otros territorios, en 1803). Su fama se basa en su musicalidad extrema (presente de noche y de día en innúmeros bares de clases muy dispares) pero también en las casas encantadas (por su diseño pero también por sus fantasmas) del French Quarter, en la arquitectura no menos deslumbrante del Garden District y en la belleza del río Mississippi que la rodea. Ya fuera de la ciudad, no son menos atractivas las señoriales casas de las plantaciones antiguas y los intimidantes pantanos circundantes llenos de caimanes.


La tumba (restaurada) de Marie Laveau en el St. Louis Cemetery No.1

También la hacen famosa sus varios cementerios, mudos y antiguos testimonios de lo especial de su historia y geografía. Tanto los antecedentes católicos de la ciudad, como su suelo pantanoso, hicieron que los cementerios más antiguos se distingan por su variedad de bóvedas y tumbas sobre el suelo. Las tumbas en la tierra que son características de la mayor parte de los cementerios norteamericanos no eran viables en un suelo que, con cada lluvia fuerte o inundación devolvía a sus muertos. Para un argentino que conoce bien el cementerio de la Recoleta, las bóvedas no lucen tan extraordinarias (como bien nos advirtió una guía especializada en nuestra primer visita al preguntarnos nuestra procedencia) pero sin duda constituyen una rareza en el contexto norteamericano -los cinéfilos/as quizás recuerden escenas lisérgicas de la película Easy Rider en ese mismo cementerio. A diferencia del de la Recoleta, sin embargo, sus continuados usos mágico-religiosos ciertamente les otorgan, al ojo especializado, un encanto notable y especial.



La fama de ciudad católica y (europeamente) latina se complementa con la de misteriosa, encantada y mágica ya sea en base a los famosos vampiros de Anne Rice que vivieron (¿sólo literariamente?) en la ciudad, a los fantasmas que pueblan numerosas casas del French Quarter recorridas en tours que prometen aterradoras experiencias, como por sobre todo, a las varias voodoo stores del mismo barrio que son testimonio de la pervivencia y popularidad (¿real? ¿turística?) del voodoo afronorteamericano. Estos equivalentes de nuestras santerías y botánicas merecen un texto aparte (lo tendrán, espero), pero baste decir que oscilan entre las muy turísticas y las (más o menos) "auténticas". Todas ellas, sin embargo, son estéticamente impactantes y su mezcla de catolicismo popular (mexicano), voodoo, vodou haitiano, con un toque de santería cubana o candomblé brasilero resulta siempre interesante.


(Nota: los estudios recientes parecen haberse puesto de acuerdo en denominar vodou a la religión afro-haitiana, y voodoo a los vestigios de religiosidad de origen afro que se mantienen en la población afro(norte)americana. En ocasiones la palabra hoodoo es utilizada, pero en la ciudad de Nueva Orleans voodoo es el término preferido. Hay un interesante proceso actual de revitalización del voodoo local en base a transferencias de prácticas, creencias y deidades del vodou haitiano y hasta de la santería afrocubana. Un ejemplo: la persona que hizo las "muñecas voodoo" que se pueden apreciar en la foto de abajo atendía al público en una de los voodoo stores y era una iniciada en vodou haitiano que utilizaba su sensibilidad y conocimiento religioso para hacer las muñecas- algunas de las cuales llevaban también nombre de los orixás yoruba y sus colores.)


"Voodoo dolls" de Marie Laveau y Baron Samedi, junto con imagen de yeso (hecha en Brasil) de Marie

Voodoo Queen


En el hall de salida y de llegada del aeropuerto de Nueva Orleans uno es recibido (o despedido) por una brass band tocando jazz al lado de una gran estatua de Louis Armstrong. El músico es el hijo dilecto de la ciudad -tanto es así que la centenaria plaza Congo Square, famosa por ser el lugar donde se reunían los esclavos a bailar los domingos en los siglos XVIII y XIX ahora es parte del gran parque que lleva su nombre. Sin embargo, también hay una hija dilecta de la ciudad, sin duda menos homenajeada oficialmente, pero que reina suprema en el French Quarter y en otros barrios de la ciudad: Marie Laveau, Voodoo Queen.


Marie Laveau fue una mujer negra libre, bisnieta de una esclava africana, pero con ascendencia mixta, afroamericana y de colonizadores franceses. En su libro Carolyn Morrow Long la describe de la siguiente manera:

"Fue una católica devota (..) pero también) había conservado la religión de sus ancestros africanos y por la década de 1830 había asumido el liderazgo de una congregación vodou multirracial, compuesta principalmente por mujeres. Según todos los testimonios, además de poseer genuinas habilidades espirituales, era extraordinariamente bella, tenía una personalidad magnética y un gusto por la teatralidad. Durante su vida ya era una figura de culto. Tuvo muchos seguidores entre la gente de color (tanto esclavizados como libres) pero también entre la clase media-alta blanca de Nueva Orleans, así como entre muchos visitantes que venían a la ciudad, que siempre eran bienvenidos a sus rituales y estaban entre sus clientes/adeptos".


A principios del siglo XIX todavía habían esclavos africanos en la ciudad, y también un flujo de africanos (esclavizados y libres) llegando de Haití. Según Morrow Long, la joven Marie Laveau podría haber aprendido su religión con su abuela o su madre, o con sus vecinos haitianos. Además de realizar ceremonias semanales, y brindar consultas individuales a quienes la necesitaran, Marie (y/o alguna de sus hijas) dirigió durante cuarenta años la ceremonia voodoo anual más importante, el 23 de junio, en las vísperas del día de San Juan. El ritual, realizado a orillas del Lago Pontchartrain, en las afueras de la ciudad, siempre llamaba la atención de la prensa local, ya que incluía fogatas, tambores, cantos y bailes, baños rituales y un gran banquete comunitario.


Obituario de Marie Laveau en el Historic Voodoo Museum

Cuando Marie falleció, en 1881, su obituario publicado en el prestigioso New York Times confirmaba que su fama no se extendía sólo entre la población afro de la ciudad sino que también "recibía a las figuras más importantes del estado de Louisiana y a sus visitantes más ilustres.. abogados, legisladores, dueños de plantaciones y comerciantes iban a buscar su consejo y presentarle sus respetos". Pero Marie Laveau no se hizo famosa en la ciudad sólo por sus cualidades como sacerdotisa voodoo, también lo fue por sus obras de caridad: daba dinero a los pobres, atendía a los enfermos en un hospital de la ciudad, oficiaba de enfermera durante las epidemias de fiebre amarilla y también brindaba ayuda espiritual a los condenados a muerte en la prisión.


La tumba de Marie Laveau está en el cementerio más antiguo y más céntrico de la ciudad, el St. Louis 1, que está justo al borde del French Quarter, entre éste y el barrio afroamericano Tremé (ya que estamos, recomiendo ver la serie homónima de HBO). Es la tumba más visitada del cementerio, y según dicen, la segunda más visitada del país, luego de la de Elvis. Tiene tres niveles, y la leyenda asegura que en ella está la reina del Voodoo con dos de sus hijas (que a veces, en el registro histórico u oral se confunden con ella). Una minuciosa investigación histórica reciente de Carolyn Morrow Long (2016) en base a los registros del cementerio determinó que en la tumba están, efectivamente, los restos de Marie Laveau y sus hijas, pero también (quemados y reducidos) los de nada menos que 81 otras personas -varios de sus parientes, esclavos y algunos conocidos.


Tumba de Marie Laveau -antes y ahora

Durante mucho tiempo, y aún actualmente la tumba fue centro privilegiados de prácticas mágico-religiosas que invocaban el espíritu de Marie Laveau para pedidos de todo tipo. La investigación de Morrow Long en diarios locales muestra que ya diez años después de la muerte de Marie Laveau en 1881 los devotos la invocaban haciendo cruces en la tumba y que para el día de Todos los Santos en la década de 1920 las visitas eran multitudinarias. En algún momento de mediados del siglo 20 la cruz fue reemplazada por tres X. Esta práctica también se realizaba (y aún se hace) en otras tumbas consideradas poderosas -generalmente las de mayor antiguedad, y que albergan restos no adecuadamente identificados. Una de ellas es, para muchos, la tumba "real" de Marie Laveau -adonde la habrían trasladado, para que, de incógnito pudiera estar a salvo de posibles depredaciones. El minucioso trabajo de Morrow Long, sin embargo, muestra que los datos del cementerio certifican que sus restos están en la tumba original. Además de ésta, actualmente hay dos o tres más que están casi totalmente rayadas: una se supone que es de un reputado sacerdote de voodoo -según asevera un cartel precariamente rayado (ver foto más abajo).


Forma completa y formas abreviadas e instrumentales del cosmograma Kongo

La relevancia y la profundidad histórica y simbólica de las cruces y las X -que para la Arquidiócesis de Nueva Orleans, dueña del cementerio, no pasan de "supersticiones"- queda más clara si recordamos que son la forma esquemática e instrumental del cosmograma Kongo de los "cuatro momentos del sol", pilar de esa religiosidad (ver una explicación aquí). El trazado de una cruz o de una X -en el piso, o en objetos- constituía un lugar de poder desde el cual el especialista religioso Kongo (el nganga) podía conjurar espíritus benévolos y exorcizar malignos. El eje horizontal de la cruz muestra la separación entre el mundo de los vivos y el de los muertos, y el vertical la posibilidad de comunicación entre ambos mundos. Los Kongo tuvieron -ya en Africa- una temprana conversión al catolicismo pero los estudios más rigurosos indican que la adopción de los símbolos católicos siempre fue en función de una relectura de los mismos desde la cosmovisión nativa Kongo -con lo cual la presencia en determinados contextos de la cruz indica menos un cosmovisión católica que la constitución de lugares de poder de acuerdo a esta cosmovisión africana.


Tumba donde muchos creen estarían realmente los restos de Marie Laveau

Las cruces suelen hacerse con pedazos de ladrillo (de otras tumbas cercanas) o, más tardíamente, con lápiz labial o marcadores rojos. El polvo de ladrillo siempre fue un elemento relevante dentro de las prácticas mágico-religosas del voodoo afro(norte)americano. Como muestran la foto debajo, hasta el día de hoy en las tumbas antiguas marcadas con X es común que se depositan pequeños trozos de vidrio o de espejos o caracoles.



Estos objetos, pequeños y aparentemente ordinarios, también resuenan fuertemente (y/o expresan) conceptos de la cosmovisión Kongo. Los pedazos de espejo o de vidrio (o cualquier superficie que refleje) remite al poder de Kalunga, la línea divisoria, en el cosmograma Kongo, entre los vivos y los muertos (el eje horizontal de la cruz). La superficie del agua suele ser una imagen metafórica de esta linea "y la cualidad de espejo del agua y de otras superficies que reflejan invocan esta interrelación inmediata de la tierra de los vivos y los espíritus" (ver el artículo de Fennel). De ahí podemos inferir también la importancia de espejos, lentejuelas y otros adornos reflectantes en las ropas de los miembros de las congadas en Brasil, de los Mardi Gras Indians en Nueva Orleans, en objetos rituales y en los disfraces rara en el vodou y el carnaval haitiano y en innúmeras otras manifestaciones culturales religiosas o carnavalescas latinoamericanas originadas en, o practicadas mayormente por, poblaciones afroamericanas. Son adornos, ciertamente, pero potentes -aún cuando la conciencia real de este hecho por sus portadores pueda ser muy variable.

La kalunga es concebida no sólo como un límite metafórico sino también en un sentido más "real" como el cuerpo de agua que sirve de límite entre las esferas de la existencia, el cual los espíritus de los muertos deben atravesar en su viaje al otro mundo (ver este trabajo de Zabel). En América Kalunga denomina el océano que atravesaron los esclavizados -y donde murieron millones de ellos- y actualmente, en la Quimbanda de Brasil, Uruguay y Argentina, es la palabra utilizada para referirse al cementerio.


Tumba "poderosa" de Poppa Doc Fulker -"died different"

Tomando en cuenta estas resonancias cosmológicas africanas y afroamericanas es que se puede entender mejor el sentido más profundo (y no meramente "mágico" o "supersticioso") de las X, las cruces y los pequeños elementos depositados en los costados de las tumbas o entre los ladrillos de los que están hechas.


A la tumba de Marie Laveau también solían ofrendarse toda clase de objetos (dejados en la entrada, o a los costados) que rápidamente concitaron la ira de la curia, dueña del cementerio. La práctica, sin embargo, persistió por más de cien años, hasta que en el 2015 luego de que la tumba apareció pintada de rosa (por motivos que se ignoran) la Arquidiócesis prohibió la entrada de personas al cementerio salvo en grupos liderados por guías de turismo certificados/as. Eso coincidió con el blanqueo y la "reparación" de la famosa tumba en un esfuerzo de patrimonialización financiado por una ONG llamada "Salven nuestros cementerios".


Mi primer visita a la tumba fue justo al poco tiempo de terminada la restauración y recuerdo el orgullo con que nuestra guía, perteneciente a esa organización, contaba cómo habían conseguido salvar a la tumba de los usos supersticiosos que de ella se hacían en el pasado para lucir, finalmente, blanca e inmaculada, como debía estar un monumento histórico de ese calibre. Se congratulaba también de la prohibición de visitar el cementerio sin un guía que controlara, ya que era la única manera de acabar con las cruces, los pedacitos de ladrillo que se arrancaban de las tumbas para hacerlas, y de las ofrendas que afeaban las tumbas y el ambiente. La superstición (negra) había sido finalmente vencida por el afán patrimonializador y gentrificante (blanco).


Nuevas invocaciones ante la tumba restaurada de Marie Laveau

Lo que no era del todo cierto, ya que ese mismo día, cuando me escapé un poco de nuestra guía para volver a sacar fotos a la tumba de Marie Laveau, me encontré con un grupo de turistas con otra guía , esta afro(norte)americana, usando un turbante y con marcas "tribales" pintados en su rostro, que les enseñaba un ritual para realizarle pedidos a Marie Laveau. Todos juntos alrededor de la tumba, debían llevar su mano al corazón, pedir algo, luego dar tres vueltas alrededor de sí mismos, para finalmente terminar la invocación con la mano extendida hacia la tumba. No puedo garantizar que mi descripción sea totalmente fidedigna o completa, pero algo así sucedió -además del fuerte reto que me hizo la guía "étnica" porque osaba tomar fotos de su grupo mientras realizaban el "ritual".


Lo interesante es que para la guía blanca la tumba era un mojón histórico relevante y para la afronorteamericana (que en este caso particular vendía una imagen "étnica" de su persona) continuaba siendo un lugar de poder, aún cuando banalizado por un ritual idiosincrático -que al menos evitaba las corrosivas, visibles y molestas cruces sobre la tumba. De esta forma los turistas continuaban llevándose un poco de "magia" de Nueva Orleans a sus casas sin ser acusados de vandalismo.


Altar a Marie Laveau en el New Orleans Healing Center

Marie en la ciudad


Si el cementerio es el principal lugar para visitar a Marie Laveau, no es el único. Al lado de la botánica Island of Salvation -ya a unas cuadras más allá del French Quarter, en el Faubourg Marigny, un barrio no tan concurrido por el turismo- la mambo vodou Sally Glassman (una norteamericana blanca, de ascendencia judía, iniciada en Haití) armó un gran altar para la Voodoo Queen en el hall del New Orleans Healing Center un centro cultural. El altar tiene una impresionante estatua de gran tamaño -con tintes algo new age- y una reproducción en pequeña escala de la tumba del cementerio. Aquí si los devotos pueden dejarle ofrendas de comidas y velas sin problemas.


Cuadro en el Historic Voodoo Museum

Un cuadro notable de Marie Laveau -reproducido en postales y estampitas- también aparece en la entrada del New Orleans Historic Voodoo Museum de la ciudad -un lugar que intenta brindar una visión histórica y dignificante de las creencias locales, pero cuya profusión de altares eclécticos (plagados de calaveras, cruces, cabezas de caimán y muñequitos vudú) parece ir más en la línea de los estereotipos que de su desmistificación. Pero estamos en Nueva Orleans, y el estereotipo y la magia van juntas -como dijo alguna vez Jerry Gandolfo, el director del museo: "aquí la cultura espiritual del voodoo está tan viva como siempre, pero se oculta a la vista de todos (hides in plain sight)".

Vidriera de Marie Laveau's House of Voodoo

Las estatuillas de yeso de Marie Laveau (hechas en São Paulo, Brasil, como casi todas las imágenes de santos o de orixás que se venden en la ciudad) se encuentran en todas las voodoo stores del French Quarter y adornan los altares que en ellas se construyen. Una de las tiendas más conocidas (y turísticas) de la ciudad se denomina, precisamente, "Marie Laveau's House of Voodoo". La vigencia más general de la Reina, ya fuera de la ciudad y en la industria cultural, se pudo apreciar también en la tercera temporada de la serie American Horror Story (denominada "Coven") donde fue encarnada magistralmente por la actriz Angela Basset.


En un país sin santos, la devoción a Marie Laveau se asemeja en mucho a las santificaciones populares latinoamericanas. Esta devoción toma múltiples maneras, la de atracción turística, la de espíritu local poderoso y otras posibilidades intermedias. Todas ellas muestran, sin embargo, que la reina del Voodoo continúa viva, poderosa y continuamente evocada e invocada en la ciudad.


Fandrich, Ina. 2014. The Mysterious Voodoo Queen, Marie Laveaux: A Study of Powerful Female Leadership in Nineteenth Century New Orleans. Routledge.


Morrow Long, Carolyn. 2016. The tomb of Marie Laveau in St. Louis Cementery No. 1. New Orleans: Left Hand Press.


Morrow Long, Carolyn. 2006. A New Orleans Vodou priestess: The legend and reality of Marie Laveau. Gainesville, FL: University Press of Florida.

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