Las abuelas, las ancestras: rituales para invocarlas y para honrar la vida.

Actualizado: feb 20

Texto dedicado a Ricarda Nieto Iniesta, quien se despidió

de este mundo en el invierno de 2019.


Desde que comencé mi investigación en círculos de espiritualidad femenina advertí la presencia de diversas figuras arquetípicas, algunas relacionadas con la naturaleza y sus estaciones, con la luna, y otras más asociadas con las fases del ciclo vital o reproductivo. Estos arquetipos, en muchos casos, sirven como una especie de brújula con la cual se genera una identificación dependiendo de la historia personal, del momento de vida por el cual se transita, e incluso como una representación de la energía con la cual una mujer desea trabajar, conectarse o sanar. Dependiendo de la fuente o de las características de cada grupo y su respectivo santoral, estos arquetipos responden a diferentes nombres, siendo los más frecuentes la bruja, la hechicera, la doncella, la virgen. Pero hay una, entre todas, en la que quiero centrarme ahora: la abuela.



Abuela del fuego. Foto: Rosario Rm. Zócalo CDMX. noviembre de 2014.

Las abuelas desde distintas tradiciones son consideradas las mujeres sabias, las guardianas de los saberes. Desde los círculos de espiritualidad femenina se habla de las abuelas en un sentido tanto literal como figurado: se hace referencia a ellas como un eslabón del linaje -una vez más imaginado o propio de la genealogía- que no sólo es parte de la ancestría personal y de las mujeres en conjunto, sino que cumplen con la tarea de acompañar, de guiar, de instruir y transmitir sus conocimientos a las generaciones que les suceden. Así, dentro de diversas tradiciones espirituales, las abuelas cumplen una función formadora y transformadora, que guía, y que se basa en la sabiduría adquirida a través de su vida, de sus experiencias y, por supuesto, de sus caminos espirituales. Son las mujeres medicina, aquellas que han cumplido el ciclo de cuatro veces trece, quienes guían los temazcales, quienes comparten los conocimientos sobre el cuidado de la tierra, el cuidado personal, del cuidado sobre los otros, y son también quienes dan los consejos más puntuales y las palabras más incisivas.


Hoy, pensar en las abuelas de esta manera me remitió a un par de rituales. Uno de ellos se trataba de una sanación genealógica. A través de muñequitas hechas de trapo se materializaba el linaje femenino y, con el rezo, se otorgaba el perdón por aquellas heridas no sanadas a través de las generaciones con el fin de que ésta, la generación presente, transformara de una vez y para siempre esos dolores heredados e imprimiera en las generaciones venideras otra forma de enfrentar las dificultades y de acercarse a lo sagrado -desde un nivel energético hasta con acercamientos nuevos hacia lo trascendental-.


Y un segundo que tenía ver con la invocación de las ancestras a través de una ofrenda realizada en el marco del día de todos los santos en noviembre de 2017. En aquel momento, un par de colectivos en Guadalajara hicieron un llamado para hacer una ofrenda para “recordar a las mujeres, a las diosas, a nuestras ancestras de la medicina, para recordar nuestras raíces y hacer presente esa gran energía femenina”. La ofrenda se realizó en el camellón de la avenida Federalismo frente a una escultura que fue por demás polémica en esos años, llamada sincretismo (ver referencia al final). En ese ritual, además del toque de “la jefa tambor” por parte de las y los asistentes, se realizó una ofrenda a Ixchel -una de las energías femeninas que se buscaba hacer presente-, que consistió en la elaboración de la Diosa Maya en una gran manta pintada con sangre menstrual. Esa ofrenda que cubrió el camellón se llenó de relatos donde cada asistente compartía la historia de su propia abuela, sobre todo si ésta ya había fallecido, para hacerla presente y hacer de aquella pintura un rezo colectivo.



He recordado estos dos ejemplos no sólo como pretexto y soporte ritual para pensar en las abuelas, y de cómo esta propuesta espiritual construye esta figura como arquetipo y como la encarnación de la guía para el presente. También las traigo a cuenta porque las abuelas, sean del linaje imaginario o como parte de la vida y genealogía de las mujeres, juegan un papel trascendental - por ausencia o por presencia- para las historias de las interlocutoras que han emprendido un camino de búsqueda espiritual. Son una energía que se evoca, se vuelven la encarnación de la sabiduría que se pretende alcanzar con los años y la guía de aquellas que buscan consuelo y sanación para sus presentes y futuros.


Las abuelas, para muchas, son personajes que traen consigo la necesidad de desprenderse de herencias no deseadas, de abusos y sufrimientos; pero también son los ejemplos de amor, de ternura y de cuidado. Los rituales, en su sentido más fundamental, son aquellos actos que habilitan la conexión con lo sagrado. Los rituales para las abuelas, cuando estas ya no están, son también un puente con aquello que constituye la historia personal y familiar, son la raíz femenina que sostiene y que acompaña los caminos, son las mujeres que se honran y, desde algunas prácticas, son consideradas las madres del renacimiento y de la transformación.


La narrativa espiritual que retoma las figuras femeninas como eje, ciertamente se alimenta de imaginarios y de símbolos que son subjetivamente muy potentes y que, en gran medida, generan el impacto emocional necesario para crear esa “resonancia” que habilita que el símbolo o el arquetipo sea incorporado en la vida y en el crecimiento personal. Los referentes sagrados construidos en clave femenina suelen recurrir a estas figuras para dar cuerpo y significación a saberes y presencias que son relevantes para la vida de las mujeres pero que no tenían suficiente peso desde otras lecturas espirituales. Los círculos de mujeres y las espiritualidades que los cruzan, al poner énfasis en las experiencias y vivencias, han habilitado el reconocimiento de los linajes propios, pero también han colocado dentro del santoral y de los arquetipos ahora disponibles a las figuras que encarnan ese espacio y esa actitud de cuidado de sí y de sabiduría que se condensa, en este caso, en la figura de las abuelas también como un ideal.


*Sirva este texto como un intento personal de honrar y despedir a mi propia abuela, de quien en otra entrada compartí un poco de historia hablando de sus altares. Quizá en otro momento logre escribir algo sobre su funeral y los muchos rituales que acompañaron su despedida, pero todavía no. El paso de lo emocional a lo racional y sistemático no siempre es fácil.


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