Las imágenes de la muerte dentro de los templos católicos en Roma sí importan.

Actualizado: ene 14

Resulta imposible ignorar su presencia material dentro de los templos


Todas las culturas tienen maneras simbólicas de relacionarse con la muerte. Debido a la colorida celebración de Día de Muertos que ha sido difundida en diferentes películas, se cree que los mexicanos amamos la muerte, que bailamos con ella, que nos sentamos a comer con ella, que no le tememos y que por eso la adoramos. Esta estampa es parte del imaginario exotizado sobre México. No porque no nos relacionemos con ella, sino porque otras culturas creen que ellos no lo hacen.


Desde que llegué a Italia, tanto en la academia como en la calle, la gente al saber que era mexicana me preguntaba sobre la creencia y el culto a la Santa Muerte. Los italianos lo ven con morbo y tienen interés en que les expliquemos qué ese eso de la Santa Muerte. Parece que lo consideran algo muy exótico y muy lejano a su cultura. Además de que algunos lo mencionaron como una práctica aberrante, y otros sólo como una expresión folklórica de nuestra colorida cultura. En cambio, a mi como mexicana, me interesaba encontrar en la capital del catolicismo mundial los indicios de los cultos e imaginarios de la muerte que hoy por hoy hacen posible que el culto a la Santa Muerte no sea disonante para la mayoría de los católicos que la practican. Eso me hizo que centrará mi búsqueda en los elementos materiales y visuales de la muerte que están presentes en sus templos.


Estos elementos pueden apreciarse como esculturas o pinturas a la muerte. Estas imágenes no son muy distintas a las que inspira a los argentinos y mexicanos a adorarlas como santitos. También encontramos referencias a la muerte en la tradición de la invocación a las ánimas (estos espíritus que quedaron vagando y no pueden llegar al cielo y requieren de la ayuda de los vivos para poder pasar al descanso eterno), en las representaciones pictóricas del purgatorio, en mensajes en los templos que invitan a asistir a misa para salvar ánimas, y en rituales apócrifos que se siguen realizando en los subterráneos de los templos o en los cementerios. Otro tema que hace de la muerte y de su materialidad una práctica habitual de los católicos es la exposición de reliquias y los rituales de los miles de peregrinos que viajan hasta roma para verlas y tocarlas (aunque en realidad tocan un vidrio) con la idea de que así conectan con la esencia de los santos y muertos ilustres. Por último, no podemos descartar lo que se anuncia como excursiones macabras que incluyen la visita a alguna de las catacumbas de los antiguos cristianos (donde se explica cómo se sepultaba a los muertos y se mantenían sus restos óseos), la cripta de los capuchinos (cuyo interior fue magníficamente decorado con fragmentos óseos de más de cuatro mil frailes. Un lugar a donde los frailes acudían para realizar sus meditaciones y oraciones) y los sótanos de la Basílica de San Clemente que también resguarda innumerables cadáveres.


En cuanto a la estética de la muerte, su materialidad está muy presente en los templos donde se celebran a diario las misas. En Roma las imágenes de la muerte (cráneos que acompañan a los muertos; esqueletos con alas de ángeles, otras calaveras con guadañas, algunas escabrosas y otras hasta cómicas, o vestidas con mantos que recuerdan las iconografías de la propia Virgen María). Muchas de ellas se encuentran generalmente colocadas junto a las tumbas de ilustres difuntos (como son los nobles y los cardenales y obispos que han enterrado dentro de los templos). Otras más se les ubica dentro de los altares. Es cierto que no son figuras principales en dichos alteres, y que en ningún templo ocupan el lugar central del atar mayor. Pero aún así, su presencia y visibilización es destacable.


A diferencia de México, donde el culto a la Santísima Muerte es extraeclesial (acá decimos popular) y ha sido severamente sancionado por los obispos y sacerdotes católicos como una herejía, señalando que la Muerte no puede ser un santo; en Italia, e incluso en los templos de Roma, las imágenes de la muerte están presentes en cuadros, en osamentas y en esculturas hechas del frío material del mármol. Ello no quiere decir que sea una santa, pero tampoco niega su presencia contigua a lo sagrado.


Ateniendo la propuesta teórica de tomarnos en serio la dimensión material de los mundos religiosos planteada por Brigitte Meyer, es imposible no reconocer la presencia de la figura de la Muerte en la cultura católica. Las imágenes son retóricas de las creencias y sabemos que fueron instrumentadas para evangelizar. Las dimensiones estéticas de las imágenes dan origen a sentimientos, a creencias e ideas. Su materialidad dentro de los lugares consagrado sí importa y es imposible de ignorar. En las fotos que tomé durante el otoño de 2018 en mi estancia en Roma podemos ver y reconocer la figura de la muerte (bajo la representación de calaveras y esqueletos, o calacas como nosotros le llamamos amistosamente) que expresan acciones y roles, distinciones, y principalmente, como quiero resaltar, distintas emociones.

En las fotografías que comparto a continuación podemos admirar a la muerte en distintas acepciones: como reliquia de un joven llamada Valentina que se le recuerda rodeada de flores, interpretando al difunto, como si fuera una columna que sostiene al difunto, como Ángel querubín con alas, como ángel justiciero que extrae el arpa musical del cuerpo del difunto, en su papel de justiciera portando la guadaña, de guardiana de la tumba del muerto, interviniendo el cuerpo de una joven (parece estarle extrayendo de su vientre a un niño), rezando hincada a los pies del ser amado, incluso en su interpretación estética de la Piedad, representación de la Virgen María bajo la cruz de Cristo, honrada con una corona de laurel (gesto muy romano que distinguía a los personajes prominentes), con sus manos cruzadas en el corazón en un gesto de profundo dolor y compasión, con similitud a las imágenes marianas del Renacimiento. No puedo dejar de pensar que estas y muchas más materializaciones de la muerte no sean puentes visuales y cognitivos de los cultos actuales a la Santa y el San la muerte. En el presente tan repudiados a nivel discursivo por las cúpulas eclesiásticas católicas




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