Poner el cuerpo: de la práctica y el análisis de lo religioso. Primera parte.

Mi cuerpo es lo contrario de una utopía:

es aquello que nunca acontece bajo otro cielo.

Es el lugar absoluto, el pequeño fragmento de espacio

con el cual me hago, estrictamente, cuerpo.

Mi cuerpo, implacable topía. (Foucault, 2010)


Comienzo esta entrada con un fragmento de “Mi cuerpo, implacable topía” de Michel Foucault como pretexto y detonante para hablar de cómo el cuerpo nos permite estar y experimentar el mundo, siendo una parte de estas experiencias aquellas que se viven a través de lo religioso y lo espiritual. Sin pretender dar por sentada la discusión sobre cómo ha sido abordado el tema del cuerpo desde las ciencias sociales y más aún en los estudios de las prácticas religiosas, baste decir que se trata de un tema relativamente reciente, ya que el cuerpo como objeto de estudio, en sus inicios, aludía a su dimensión material centrada en lo biológico y sus funciones. Desde las ciencias sociales y humanas el cuerpo tomaba lugar de manera indirecta al abordar otras temáticas y prácticas sociales, pero es desde la segunda parte del sigo XX que la discusión sobre la corporalidad, la cultura y la experiencia han tenido un mayor peso en las investigaciones antropológicas y sociológicas.


Siguiendo a Csordas (1994), la centralidad del cuerpo responde como ningún otro fenómeno a la reformulación de las distintas teorías sobre la colectividad, la experiencia y la cultura. El desarrollo del cuerpo como objeto empírico ha implicado ir más allá de sus límites biológicos y culturales para entenderlo no como una entidad cerrada o desde una visión reduccionista; sino desde su multidimensionalidad, su complejidad y atendiendo a la forma en la cual las representaciones corporales desde la cultura se materializan a través de sus usos intencionales individuales y colectivos.


Desde Durkheim, en su planteamiento sobre lo sagrado y lo profano, se establece que los ritos son reglas de conducta que prescriben cómo el hombre debe comportarse con las cosas sagradas; esto implica el aprendizaje de ciertas formas, movimientos y conductas -o técnicas corporales, en palabras de Mauss (1973)- que se llevan a cabo con el fin de acercarse, adorar o encarnar una práctica relacionada con lo divino. Las formas de poner el cuerpo a la luz de las creencias, entonces, son diversas; muchas de ellas establecidas desde quienes regulan y establecen los límites y formas de practicar, pero muchas otras vienen de la experiencia corporal de los propios sujetos creyentes.



Peregrinar, por ejemplo, adquiere su sentido por la experiencia del trayecto, su preparación y, por supuesto, la llegada al destino. Las danzas rituales implican una secuencia de movimientos que tienen en sí mismos una carga simbólica, traen consigo una historia contada y viva que se recuerda y se manifiesta en cada movimiento aprendido, en cada giro y en cada repetición. Practicar yoga o hacer meditaciones permite que el cuerpo experimente sensaciones de relajación y bienestar; acercarse a las plantas sagradas habilita el acceso a otros estados de conciencia que modifican muchas veces el ser y el estar en el mundo. El rezo y la oración resultan modos de comunicación con lo sagrado, con el perdón, con la búsqueda de contención, con el saber que hay algo mayor a lo visible que mueve al mundo. Llevar las manos juntas al pecho y hacer una reverencia es leído como muestra de respeto y agradecimiento; llevar las manos al cielo es un gesto de gozo, de bien, de gracia recibida o de una petición. Todas estas prácticas traen consigo una historia, un significado, ya que no aluden a un movimiento vacío sino a acciones que tienen sentido para quienes las realizan y para la comunidad con quienes comparten sus creencias; pero no sólo por el movimiento mismo, sino por las emociones que producen y su intencionalidad.


La danza del sol, de la luna, o una búsqueda de visión pudieran resultar experiencias corporales extremas desde la mirada de aquellos que no están relacionados con el corpus espiritual de estas prácticas; sin embargo, pueden constituir momentos iniciáticos o relevantes para aquellos que las llevan a cabo. Y es esta construcción simbólica y experiencial de la práctica lo que las dota de sentido en la historia personal y la memoria corporal.


Las prácticas religiosas colectivas, además de ser evidencia de pertenencia, de asociación o de identificación con una u otra creencia, tienen en el cuerpo de cada creyente una historia contada en primera persona; una carga emocional, sensorial y significativa para quien la vive, la cuenta y la recuerda. Poner el cuerpo en la práctica religiosa es algo más que estar ahí, aprender un movimiento y reproducirlo en un momento determinado; es experimentar con el límite material del cuerpo, dando espacio a la emoción y a la experiencia; a esa que es capaz de ser traducida para ser contada, pero también aquella que queda en el ámbito enteramente sensorial, esa que muchas veces se relata como la experiencia con lo divino.


Y ahora ¿cómo hacemos para analizar estas experiencias atendiendo al cuerpo y las emociones que se producen en el espacio religioso y el cotidiano? ¿Hemos generado estrategias suficientes para atender estos elementos también como hechos sociales relevantes?

Bibliografía citada y recomendaciones:

  • Csordas, Thomas (2010) “Modos somáticos de atención” en CITRO, Silvia (coord.) Cuerpos plurales: antropología de y desde los cuerpos. Biblos. Argentina.

  • _________________ (1994) Embodiment and experience. The existential ground of culture and self. Cambridge University Press.

  • _________________ (1990) “Embodiment as paradigm for Anthropology” en Ethos. Vol

  • 18. Nº 1. Marzo. Pp. 5-47.

  • Durkheim, Emile (2014) Las formas elementales de la vida religiosa, Alianza Editorial. Madrid.

  • Escribano, Xavier (2011) “Fenomenología y antropología de la corporalidad en Waldenfels Bernhard” en Ética y política /Ethics & Politics, número XIII, pp. 86-98.

  • Esteban, Mari Luz (2013) Antropología del cuerpo. Género, itinerarios corporales, identidad y cambio. Edicions Bellaterra, Segunda Edición. Barcelona.

  • Foucault, Michel (2010) El Cuerpo utópico. Las heterotopías. Editorial Nueva visión. Argentina.

  • Mardones, José María, “la experiencia de lo sagrado” Para comprender las nuevas formas de la religión. La reconfiguración postcristiana de la religión. Navarra. Editorial Verbo Divino, 1994, pp. 13-29.

  • Martínez, Ana (2004) “La construcción social del cuerpo en las sociedades contemporáneas” en Papers: Revista de Sociología. Disponible en http://ddd.uab.cat/pub/papers/02102862n73/02102862n73p127.pdf

  • Mauss, Marcel [1934] (1973) “Técnicas y movimientos corporales” en Sociología y antropología. Tecnos. Madrid pp. 337-356.

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