Salt Lake City, la ciudad "mormona"

#SLC #Mormones #LDS

Estoy realizando una estancia en Salt Lake City (SLC), Utah; donde se encuentra la sede mundial de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, comúnmente llamados “mormones”, nombre que deriva de “El libro del Mormón”, uno de sus textos sagrados; aunque sus miembros se identifican a sí mismos como LDS (Last Day Saints) o “miembros de la Iglesia de Jesucristo” y me han preguntado sobre cómo es estar en una “ciudad mormona”. Eso me dejó pensando en cómo percibo la presencia cotidiana de la Iglesia en la vida material de la ciudad, pero también las tensiones y transformaciones que dan identidad a SLC.


Si bien los mormones solo representan un poco menos del 2% de la población norteamericana, en Utah son entre el 55% y el 67% de la población, convirtiéndola en la única entidad de los Estados Unidos con una clara mayoría religiosa. Dice la historia oficial (la de la Iglesia y la civil) que la ciudad fue fundada el 24 de julio de 1847 por Brigham Young y un grupo de seguidores de la Iglesia que habían salido de Illinois, donde su fundador, Joseph Smith fue asesinado. Llegaron al valle de Salt Lake, que entonces todavía era territorio mexicano con población nativa. Buscaban fundar la Nueva Jerusalén, Sion, y empezaron definiendo el sitio que ocuparía el templo, en lo que hoy se conoce como Temple Square.

"La base y el meridiano" en Temple Square. Fuente: Wikipedia.

A partir de allí se organiza una cuadrícula que parte del punto conocido como “la base y el meridiano”, una señalización ubicada en la esquina sureste de Temple Square indicando el “punto cero”, es decir, la dirección 0 Este, 0 Oeste, 0 Sur, 0 Norte. A partir de allí las calles se numeran como 100 Este, 200 Este, 100 Sur, etcétera. Los edificios aledaños al templo albergan el Centro de Convenciones, las Oficinas Centrales, Museos, el Tabernáculo de la Iglesia y hasta un Centro Comercial (City Creek) “mormón”.

Hacia la montaña se aprecia el Capitolio, sede de los poderes ejecutivo y legislativo del estado. A la entrada ondea la bandera de los Estados Unidos y la bandera del estado de Utah, un paño azul obscuro con el escudo, o Gran Sello, con la fecha 1896 y una colmena de abejas. Se trata del año en que Utah fue reconocido como un estado de la Unión. Inmediatamente después de que el territorio pasó a formar parte de los Estados Unidos, después de la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo de 1848, cuando México perdió ese territorio como parte de los “acuerdos” para poner fin a la guerra México-Estados Unidos, los pioneros LDS fundaron el “Estado de Deseret”, una palabra que se encuentra en el Libro del Mormón y que afirman significa “abeja”. La Unión Americana no reconoció al Estado de Deseret hasta que la Iglesia abandonó oficialmente la poligamia en 1890 y nombró al estado como Utah, derivado de una de las tribus de pueblos originarios que vivían en la región, los Utes.


Entrada a Welfare Square, sede de Deseret Industries en la calle 800 South

La colmena, un símbolo religioso que pasa fácilmente desapercibido como tal para quienes no conocemos la tradición religiosa LDS, se convirtió en un símbolo del estado y está presente en el nombre del equipo de béisbol local, escuelas, empresas y mucho más; mientras que existen un periódico, una editorial y un complejo de industrias que procesan alimentos, gestionan donaciones de caridad y tiendas de segunda mano, empleos y más llamados “Deseret” y que pertenecen a la Iglesia LDS. Las prácticas religiosas asociadas al diezmo, la donación y el trabajo voluntario tienen un impacto en la vida cotidiana de Utah, que es el estado con mayor número de horas voluntarias de trabajo comunitario (aún entre los no LDS), menor desigualdad, mayor movilidad social y el segundo con menos pobres de los Estados Unidos.


Sin embargo, la composición demográfica y religiosa se va transformando y con ello la vida social. La capital es la ciudad “menos mormona” del estado (49%), en Salt Lake se ha concentrado la población más liberal mientras que los LDS se mueven a la periferia, lo que ha permitido múltiples movimientos en defensa de los derechos de las minorías, aún al interior de la propia Iglesia, y aunque sigue teniendo una población mayoritariamente blanca, en los últimos 50 años pasó del 99% al 70% y ya en el 2010 tenía un 23% de población latina. Muestra de estas transformaciones son que SLC está considerada de las ciudades más gay friendly en el país y eligieron en 2016 a la demócrata Jackie Biskupski como alcalde, una mujer abiertamente lesbiana.


Si bien mi estancia es más larga esta vez pues realizo una investigación con latinos en Salt Lake, desde hace diez años visito la ciudad regularmente y me sorprende, por ejemplo, como se ha flexibilizado la vida cotidiana respecto a los hábitos de alimentación. La doctrina LDS no permite tomar café ni alcohol y cuando empecé a venir era difícil encontrar cafeterías, el COSTCO local que se precia de ser el más grande del mundo y en el que se pueden apreciar familias LDS que se identifican por su vestimenta y numerosos hijos, no tenía molinos para el café en grano (como si lo tiene en otras locaciones) y la legislación sobre los grados de alcohol permitidos en la cerveza era distinto que el resto del país, por lo que las empresas tenían que fabricar versiones “para Utah”(máximo 3.2%) o conformarse con ser vendidas solo en tiendas especializadas controladas por el estado (como ocurre en países con mayoría musulmana) y hasta el 2009 se tenía que tener tarjetas de asociado para poder consumir alcohol en bares.


Ahora se pueden encontrar múltiples cafeterías, ya hay molinos de café en el Costco y empiezan a florecer cervecerías artesanales, la legislación sobre los grados de alcohol se ha liberalizado, primero dejando de pedir la membresía y recientemente (2019) respecto a los grados de alcohol en las cervezas (4%) que se pueden vender en supermercados y tiendas de conveniencia; el cambio es tan notable que recientemente la Iglesia ha emitido una nueva guía al respecto en su revista juvenil. City Creek, uno de los malls más exclusivo de la ciudad, ha cambiado también. En 2012 recibió múltiples quejas por su restrictivo código de conducta que incluía cubrirse los tatuajes, no parecer "demasiado gay” o tomarse de las manos en público, pero en mi reciente visita he visto a más de una pareja del mismo sexo tomada de la mano sin ser retirados.


Resulta una experiencia interesante observar las implicaciones de una religión casi hegemónica en una ciudad y sus transformaciones. Habiendo crecido en México, en una familia católica, me acostumbré a naturalizar el catolicismo y omitir las múltiples expresiones que como piso invisible cruzan la vida cotidiana. Luego formándome como socióloga de la religión empecé a verlas, pero experiencias como esta me permiten ser más consciente de los efectos sociales de la religión, más allá de sus “fronteras”.

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