Vivir en la memoria. Catolicismo y política en Plaza Constitución-Buenos Aires.

Actualizado: ene 14

El pasado 14 de junio se llevó a cabo en Plaza Constitución (Buenos Aires) un acto homenaje a Mauricio Silva, a cuarenta dos años de su desaparición forzada por parte de la última dictadura cívico-militar y religiosa en Argentina (1976-1983). Mauricio Silva fue un sacerdote uruguayo, perteneciente a la orden de los Hermanos del Evangelio, quien siguiendo la pastoral de los curas obreros franceses de la década del cincuenta, eligió desempeñar una tarea laboral secular para que su práctica sacerdotal fuera “más auténtica”. En esta perspectiva, solo un sacerdote que trabaja puede experimentar los dolores, las angustias y las alegrías del pueblo, al que debe acompañar, consolar y animar como si fuera uno más. En el caso de Mauricio Silva eligió ser barrendero en Argentina, un trabajo humilde, vinculado con la limpieza de calles y aceras. El sacerdote uruguayo también participó activamente en la organización sindical de su actividad: fue delegado de su sector y por esa tarea fue perseguido y finalmente desaparecido por las fuerzas represoras.


Observé etnográficamente el evento como parte de una investigación que ya hace algunos años estamos desplegando con Verónica Giménez Béliveau sobre grupos militantes católicos- peronistas contemporáneos, quienes toman a Francisco como emblema de su accionar público. Uno de los grupos que conforma nuestro objeto de estudio era uno de los organizadores del homenaje y eso motivó mi cobertura etnográfica.

Como reza el mandato del trabajo de campo de W. Lloyd Warner (1937), llegué antes que nadie, me quedé hasta el final de la ceremonia y fui de los últimos en irme. Estas sencillas operaciones me permitieron obtener datos interesantes y reflexiones, que por razones de espacio, solo comentaré algunas aquí.

En primer lugar, me impactó la diversidad de los concurrentes. Quien animaba el acto era el padre Toto de Vedia conocido cura con trabajo social en la villa 21-24. También estaban los Misioneros de Francisco (el grupo que aludía más arriba y que forma parte de objeto de estudio en otra investigación), amigos y conocidos de Mauricio Silva, una artista que presentó una caricatura en afiches que retrataba su vida y una gran cantidad de sindicalistas del gremio de camioneros (uno de los más numerosos y fuertes en la Argentina hoy), que se destacaban por sus conocidas pecheras verdes. Una parte de los barrenderos argentinos está afiliada al gremio de los camioneros y es por eso que los camioneros decidieron hacerse presentes en el día del barrendero, instituido precisamente a partir de la memoria de Silva. Sus dirigentes tomaron la palabra al principio del acto, invitados por el padre Toto, y aludieron a la importancia del trabajo digno, al que Mauricio Silva había honrado con su vida. Juntos participaron de la misa que prosiguió a las palabras de apertura y a la presentación de la caricatura.

En esos primeros momentos no pude parar de pensar en la fecundidad simbólica del catolicismo en mi país, en su capacidad permanente de generar lazos y articulaciones entre actores de los más variopintos y en tiempos diferentes. Allí, rezando juntos un padrenuestro, estaban las viejas militancias y las nuevas, los vínculos históricos y los más recientes, todos unidos por el acto de hacer memoria. Como muestra de forma elocuente el libro de Soledad Catoggio (2016) “Los desaparecidos de la Iglesia”, para estos grupos católicos hacer memoria se transforma en un deber, una obligación que los sobrevivientes deben llevar a adelante para inscribirse en el linaje y en la herencia de los mártires y de estas forma tornar las huellas de sus vidas en actos ejemplares, modelos a seguir, emblemas de acción para el presente.

Luego del oficio religioso, fue el turno de los testimonios. De los relatos de amigos, compañeros/as me llamaron la atención tres menciones. La primera fue la decisión del grupo más cercano de Mauricio Silva de iniciar las acciones judiciales correspondientes para dar con el cuerpo del sacerdote desaparecido. Fue inevitable en ese momento releer mentalmente las obras de dos antropólogas con las que trabajé recientemente, Laura Panizo y Valérie Robin Azevedo. Ambas analizan, una en Argentina y la otra en Perú, los debates en torno a la recuperación de los cuerpos de los caídos en conflictos armados controversiales. De manera profunda, los duelos, los testimonios, los imaginarios y las acciones no son los mismos con los cuerpos que sin ellos. En un país como el mío donde la figura del desaparecido tiene una fuerza política siempre vigente y siempre impredecible, esa acción judicial en ciernes me descolocó. Indagaré más al respecto, pero intuyo que forma parte de un cambio de época, de cierta trastocación o mutación de los rituales políticos argentinos tal como los conocíamos y los practicábamos.

La segunda mención fue la decisión de los cercanos a Mauricio de iniciar su proceso de beatificación. Convertirlo en un proto -santo es una tarea larga: entre otras cosas, además de argumentos sólidos sobre la vida ejemplar del candidato, se deben encontrar /producir evidencias con respecto a su intersección divina para la realización de milagros. Más allá de estas particularidades (que son interesantísimas en sí mismas, porque hablan de lo mágico que aun en vive en un catolicismo que se racionaliza cada vez mas) considero que el proceso se inscribe en un cuadro de reordenamiento mayor durante el papado de Francisco, donde figuras como el cardenal Romero también fueron “elevadas a los altares”, siguiendo la expresión nativa. Guiños a la izquierda o a cierto catolicismo postergado (cuando no hostigado durante el pontificado de Juan Pablo II), que construyen el camino que Francisco piensa y ejecuta artesanalmente para salvar a la estructura institucional católica de su última crisis.

Finalmente, la memoria de Mauricio Silva también fue ocasión para una denuncia. En uno de los momentos finales, el Padre Toto tomó el micrófono y dijo que el trabajo y la acción sindical del cura desaparecido deben recordarse porque contrastan contra la cultura del emprendedorismo promovida por funcionarios del gobierno macrista actual. Según las palabras del cura villero, ensalzando el perfil empresarial, los dirigentes actuales desprecian los trabajos humildes de cartoneros, barrenderos, pequeños productores y afines. En este contrapunto (que también forma parte de un clima de época global) entre salidas individuales, creativas, autónomas y narcisistas, y trabajos asociativos, sindicalizados y tradicionales, el catolicismo de base o liberacionista toma partido por los segundos y se posiciona como lenguaje de sus protestas, de sus maneras de llamar la atención y de resistir en un momento histórico donde gravita un nuevo espíritu del capitalismo, parafraseando el título del célebre libro de Boltanski y Chiapello.


Recuerdos, denuncias, cuerpos restablecidos e internas católicas. Revitalización

de lazos y producción de nuevos vínculos. Ocupación del espacio público y producción de mensajes para múltiples interlocutores. Todas estas acciones y muchas otras se condensaron en un memorial con forma de madeja, dotada por cierto de un sinnúmero de hilos simbólicos para seguir desplegando.




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